
Ensayo
David Villacís 13 de febrero de 2016 23:46
La inspiración no se compra ni se vende
Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.
Cuarto principio (Polaridad) - El Kybalión
Desde los albores de la humanidad es bien sabido que el ingenio y la capacidad de convertirse en un pionero antes que ser un integrante más del rebaño ha posibilitado desplegar una serie de advenimientos cognoscitivos además de fomentar ciertas cualidades personales que lo hacen posicionarse y diferenciarse del conglomerado. Como un ejemplo mundano y a la vez divino, se erige la figura de Sidarta Gautama, quien gracias a la introspección y conexión interestelar pudo encontrar la iluminación espiritual y después, mediante una triada estratégica de actos (reflexión, viaje, experiencia) desarrollar un mensaje que tiene eco en alrededor de 1400 millones de seres humanos.
Para remontarnos a la filosofía occidental, la mitología griega denomina musa a la divinidad capaz de otorgar determinados momentos de lucidez a los artistas, así como la inspiración se explica como la posesión de un ente que utiliza al ser humano como un medio para expresar determinado sentimiento, acción o manifiesto. Es así que se concluye que la idea simplemente es un momento irrepetible del cual el ser humano no posee el dominio absoluto y que al ser despojado de la misma siente el vacío y abandono. Es por ello que reconocidos artistas, científicos en su momento de declive murieron con la desdicha de saber que jamás podrán superar aquel estado en donde se sentían a la par con el poder o al menos gozaban de cierto momento de plenitud.
Al igual que la inspiración, la estrategia se convierte en ese elemento iluminado, similar a una esencia y que evidentemente surge de la comprensión más pormenorizada de la realidad y que al igual que un espectro puede ser localizada por alguien que posea las herramientas oportunas y agudeza intelectual. Por ello, se señala que la estrategia es una virtud con la que estrictamente se nace y que si bien puede ser cultivada u orientada, aquello no garantiza el éxito del individuo, ya que subsiguiente al mismo existe un nuevo peldaño para apoderarse del pináculo intelectual, el liderazgo.
Sin lugar a reparos, desde mi posición existe una santa trinidad para apoderarse de determinados espacios del poder que previamente los he entreverado en un símil de anagrama y que oportunamente los mencionaré luego de la pequeña observación histórica: la comunicación como el motor primigenio que puede y debe ser cultivado; la estrategia, producto de la inspiración y razonamiento previo de las circunstancias; y el liderazgo, aquella facultad innata que posibilita la construcción (o ilusión) de escenarios acordes a las demandas de los grupos sociales con lo que se guarde semejanza y sintonía. Prueba de ello son todos los personajes de la historia que probablemente estemos recordando en este momento.
Algo que no debemos desestimar es que la comunicación-estrategia-liderazgo siempre han estado conviviendo entrelazadas y en determinados momentos de la historia, lastimosamente ha sido mal encaminada y por ende, en la actualidad, esta suerte de postulado, no puede ser desestimado. Con la edificación de artificios y el avance de la tecnología, puedo manifestar que las sociedades se encuentran en una fase progeriana, e incluso, se señala que tal es el impacto de la comunicación con la inserción tecnológica de los últimos 100 años que efectivamente, en términos genotípicos, el impacto socio-comunicacional nos ha modificado aceleradamente. En Conflictos y Cobertura Mediática, una aproximación desde la comunicación política de Javier García se menciona que la relación entre los medios de comunicación y las elites determinan la información de temas presentados al público, es así que existe una agenda previamente establecida que prioriza cierta información y que por obvias razones existe otra es que ocultada y que a decir de ciertas audiencias no puede ser dilucidada.
Vale señalar que un cariz hasta cierto punto positivo de esta revolución tecnológica-comunicacional es el mayor acceso a la información y conocimiento por parte de la ciudadanía, sin embargo, esto no garantiza en ningún momento la calidad cognoscitiva que en determinados habitantes se convierte en algo indescifrable y hasta cierto inconsciente. El acceso a la academia y específicamente al estudio y construcción de las ciencias sociales acrisola la capacidad de análisis y cuestionamiento de las condiciones aterrizadas en la realidad. Por ejemplo, los comunicadores con certeza podemos manifestar que la construcción de una imagen en una plataforma virtual es una ilusión o proyección de cómo queremos presentarnos frente a la comunidad en línea, algo hasta cierto punto desestimado por los segmentos que ignoran la magnitud de las acontecimientos. Jürgen Habermas señala en su documento Teoría de la acción comunicativa la importancia de encontrar el sentido a cualquier acción comunicativa y remontándonos al aspecto político, el comunicador tiene la facultad de realizarlo, pero ¿y qué con la sociedad?
Es en estas circunstancias donde el comunicador debe mover las fichas en el tablero, una sociedad supuestamente informada por los mass media y redes sociales, en donde los términos de instanteidad, vacuidad y participación en procesos sociales o políticos detrás de un computador se hacen presentes. Evidentemente estas situaciones tienen sus pro y contras, porque si bien mediante la elaboración de determinadas estrategias y gestiones podemos convocar a la ciudadanía a sumarse a un determinado proyecto que comandemos, sabemos que lo hacemos a expensas de la ignorancia de una gran mayoría de los mismos.
Ya dentro del campo estrictamente laboral, el comunicador se ve en la urgente obligación de actualizar sus conocimientos teóricos y prácticos que a la postre determinarán sus habilidades dentro de la institución o campo donde se desarrolle, mas, esto si no está interconectado con el sentido crítico y transformación de las condiciones que imposibilitan nuestro desarrollo y el de la sociedad, evidentemente se convierte en materia pendiente, es decir, en términos coloquiales, simplemente será un operario más dentro del sistema.
El comunicador estratégico razona, proyecta y desarrolla posibles soluciones así como delimita los campos de acción con la finalidad de generar un cambio que evite el surgimiento de sociedades distópicas y por ende, debe de luchar contra la superestructura y todos sus derivados. Al fusionarse con el liderazgo puede ser el catalizador de los procesos sociales, con la única misión de enrumbar los procesos, con el objetivo de mejorar las condiciones de los más necesitados. Por supuesto, dentro de este aspecto debemos de rescatar las aseveraciones realizadas por Chantal Mouffe en su documento Entorno a lo político donde efectivamente menciona que las sociedades jamás podrán desvirtuase de la esfera política, es por eso que se insta a los académicos y por ende a la rama comunicacional el socializar estos procesos antes que simplemente transmitirlos ya que esto impedirá la consolidación de las hegemonías.
Este es el rol y reto actual de comunicador con dotes de líder, desarrollar proyectos que encaminen la senda de los desposeídos o necesitados, impulsar políticas o acciones que cristalicen los mismos y finalmente evaluar-monitorear constantemente su avance o retroceso para realizar las respectivas acciones que lo sostengan.
La vida de un comunicador de la actualidad, o bueno, al menos en mi caso, puede compararse con la de un músico del romanticismo europeo, terco y no muy bien llevado con la gente, donde su musa inspiradora así como sus pensamientos eran para sí mismo, tanto así que hasta por obra del destino la sordera física lo invadió, sin embargo, la agudeza mental y espiritual llegaron a tal punto de efervescencia que sus más grandes obras se realizaron en este estado y bueno, al recibir los vitoreos y aplausos del público a pesar de no poderlos escuchar, llevaban su nombre.